Por: Edwin Henao Acevedo
Hablar de un bombero bellanita es hablar del joven de 19 años que sueña con convertirse en el mejor rescatista de la ciudad; del veterano que supera los 70 y que, aunque ya no entra primero a la emergencia, acompaña estratégicamente cada decisión y revive anécdotas que huelen a humo y valentía; del hombre de 66 años que sigue activo, firme en formación y orgulloso de decir que ha sido bombero durante 45 años.
Todos ellos estuvieron este miércoles 25 de febrero, uniformados y formados frente a la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, celebrando los 30 años del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Bello. No era solo una ceremonia. Era el encuentro de una generación que empezó “con las uñas” y otra que hoy hereda una institución sólida y respetada.
Los inicios de Bomberos Bello: una fundación con mucho sacrificio
Una de esas historias es la del capitán Rubén Díaz, fundador. Cuando habla de 1996 no lo hace con nostalgia, sino con orgullo. Treinta años después, Bomberos Bello es toda una institución.
Cuenta que, antes de que existiera formalmente el cuerpo de bomberos del municipio, ya atendía emergencias desde su trabajo en Fabricato. Desde allí respondían a los llamados que surgían en la ciudad. Dependían en gran medida del apoyo del Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín cuando la capacidad no era suficiente. Por eso, fundar la institución fue una decisión colectiva: un grupo de hombres que entendió que Bello necesitaba su propia respuesta.
“Llevo 45 años como bombero y ahora me mantengo más contento que antes”, afirma. Tiene 66 años y la fuerza intacta. Habla con orgullo del crecimiento alcanzado y de la formación constante que hoy garantiza una mejor atención a la comunidad.

De las dificultades al crecimiento institucional
Los primeros años fueron difíciles: pocos recursos, escaso respaldo y todos voluntarios. Cada uno tenía un empleo formal y, aun así, encontraba tiempo para entrenar, atender emergencias y sostener la naciente organización. Cuando empezaron, eran entre 15 y 20 bomberos, hoy ya son más de 100: 85 de ellos pagos, y 60 bomberos voluntarios.
De estos 30 años, quedaron marcados por tragedias que aún pesan en la memoria, como el desastre de La Gabriela, el 5 de diciembre de 2010, cuando un deslizamiento de tierra sepultó cerca de 37 a 50 viviendas; uno de los episodios más duros que enfrentaron, no solo estos heroicos hombres, sino un municipio entero. Pero también quedó sembrada una convicción: no abandonar el servicio. “Yo creo que hasta la muerte”, responde el capitán cuando le preguntan cuánto tiempo más seguirá. Lo dice con la serenidad de quien ha hecho del uniforme su segunda piel.
Treinta años después, la historia es distinta. Hoy Bomberos Bello cuenta con una estación central y tres subestaciones en París, San Félix y Niquía. Esta cobertura permite tiempos de respuesta más oportunos en distintos sectores del municipio.
El comandante Nelson Zuluaica, con 28 años en la institución y cerca de 15 como líder del equipo, resume el proceso como una evolución sostenida: más formación, mayor capacidad operativa y mejor articulación. Además, proyecta un sueño que ya toma forma: la construcción de la primera gran Estación Central de Bomberos Bello, un paso clave para responder al crecimiento de la ciudad.
“Durante todos estos años hemos tenido muchas dificultades, pero también muchas alegrías. A la comunidad le digo que siempre nos acompañe y que crea en nosotros. Nuestra gente está preparada para atender sus necesidades”, señaló el comandante.

Bomberos Bello: ascensos y reconocimientos en los 30 años
La conmemoración también marcó una transición generacional. Siete ascensos simbolizaron el relevo y el reconocimiento al mérito.
Giovanny Galvis Ramírez y Dumar Alonso Herrera ascendieron al grado de sargento. Juan Carlos Pérez Vargas, Jonathan Andrés Zuluaica Valencia, Michael Díaz Ardila, Christian Duque Lennis y Juan Pablo Ocampo recibieron el grado de cabo. No fue solo un cambio de insignias. Fue la confirmación de que la llama del servicio sigue viva.
Durante la ceremonia, la alcaldesa Lorena González recordó que “nos convoca la memoria, nos convoca la gratitud, nos convoca la vida. Hace 30 años nació en nuestro municipio una fuerza silenciosa, una hermandad de hombres y mujeres que decidieron ponerse el uniforme para responder cuando nadie puede hacerlo”. En nombre de las familias bellanitas, agradeció a quienes durante tres décadas han entrado donde otros salen.
También hubo reconocimientos mutuos. La institución exaltó a autoridades y aliados estratégicos, y recibió distinciones de la Gobernación de Antioquia, la Alcaldía de Medellín y la Dirección Nacional de Bomberos de Colombia.
“No dejen apagar la llama”
Al final, una frase quedó resonando como consigna y legado: “No dejen apagar la llama”. No solo la del fuego que enfrentan, sino la del servicio que ha unido a generaciones enteras.
Porque la historia de Bomberos Bello no se mide únicamente en emergencias atendidas. Se mide en la decisión constante de correr hacia el humo cuando la ciudad más lo necesita.








